Crece en siete puntos el consumo de contenido legal en internet

Crece en siete puntos el consumo de contenido legal en internet

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  • Expertas de la UOC -universidad online pionera a nivel mundial- ven un cambio de mentalidad en los usuarios

La piratería ha pasado de moda. Descargar contenidos ilícitos de la red es ahora un comportamiento obsoleto, propio de los internautas que aún no han subido al tren del consumo fácil, barato y de calidad que ofrecen plataformas como Netflix, Spotify, Movistar o HBO. Los expertos señalan que hay un cambio de mentalidad y una ruptura de los hábitos anteriores. Una encuesta de la Oficina de la Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO) pone cifras a esta nueva realidad. Según el último estudio realizado por este organismo, uno de cada cuatro europeos paga por contenidos de fuentes legales, una cifra que ha pasado del 20% el 2013 hasta el 27%. Entre los jóvenes, asciende a cuatro de cada diez.

«La piratería es poco moderna, es vivir en el pasado», explica Elena Neira, experta en marketing y redes sociales, profesora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC y autora del libro La otra pantalla (Editorial UOC). Raquel Xalabarder, catedrática de Propiedad Intelectual de la UOC, se felicita por esta tendencia hacia el consumo de contenidos lícitos en internet: «Estamos empezando a entender que si queremos que los autores sigan creando y los productores continúen invirtiendo en la creación, necesitamos pagar por los contenidos. Los autores y los artistas necesitan ser retribuidos por su trabajo». Por su parte, Neira matiza que no le parece que haya existido una conciencia sobre la propiedad intelectual: «Pagamos no tanto porque haya que respetar a una persona que ha invertido tiempo, dinero y esfuerzo en realizar un contenido, sino porque es más cómodo que piratear».

Contenidos accesibles y atractivos
La autora de La otra pantalla atribuye el incremento del consumo de contenidos legales a distintos factores, lo que llama «la triple A: es accesible, atractivo y asequible». Neira sitúa el consumo de vídeo mediante dispositivos móviles como un factor clave: «En el momento en el que los dispositivos móviles son más grandes y mejoran las pantallas, cada vez hay más consumo de vídeo en movilidad. Casi todas las plataformas de servicio de vídeo bajo demanda mejoran sus servicios para dispositivos portátiles. Esto marca un punto de inflexión y la cultura del pago. La gente paga por una cuestión de accesibilidad, porque es más cómodo».

Otros factores que apunta Neira son unas tarifas planas a un precio «razonable» que rondan los 9 euros, una buena experiencia de usuario y unos contenidos «cada vez más atractivos». Destaca la experiencia de usuario de plataformas como Netflix, que recuerda al usuario por qué capítulo va y si lo ve con subtítulos, y le sugiere contenidos que le pueden gustar para que los elija en menos de 90 segundos. «Son sistemas», señala esta profesora de Comunicación, «que están pensados para poner al usuario en el centro y que no tenga que hacer nada». Todo ello, apunta Neira, confluye en una «tormenta perfecta» que está provocando un «cambio cultural».

Oferta legal tardía
La aparición de plataformas como Netflix, HBO, Amazon Video o Spotify ha sido determinante para estimular la cultura del pago. «A medida que existe más oferta de contenido legal, la gente prefiere estas otras vías: son más seguras, no hay virus y no te dan gato por liebre», afirma Xalabarder. Neira coincide con ella: conlleva basura para el ordenador, es una pérdida de tiempo, da problemas de almacenamiento y el contenido es de menor calidad y, a veces, incluso está dañado. A pesar de que a menudo se ha criminalizado a los usuarios y las plataformas, las expertas también reparten culpas a la industria: «Se ha tardado demasiado en tener oferta legal», lamenta Xalabarder. «Los titulares de la propiedad intelectual se han dedicado a perseguir las plataformas que favorecen la piratería, pero han tardado mucho en ofrecer soluciones para poder desplegar plataformas de contenidos legales. Casi una generación ha crecido accediendo a contenidos ilegales como si eso fuera algo normal.»

A pesar del incremento del consumo de contenidos lícitos, la piratería no baja. Según la encuesta de la EUIPO, incluso repunta. El estudio certifica que un 10% de los ciudadanos europeos reconoce haber accedido a contenidos ilegales, una cifra que en 2013 se situaba en el 9%. Neira interpreta que es una cuestión de tipo de contenido. «La piratería en el cine es mucho más dramática por una cuestión de cómo se plantea la explotación comercial», afirma esta experta en marketing digital. Neira cree que se descargan de forma ilegal más películas que series, porque pasa mucho más tiempo desde que se estrenan en las salas de cine —algunas no llegan a todos los países— hasta que están disponibles en servicios de alquiler digital.

Con la televisión y las series, la situación es distinta: «El contenido televisivo, salvo muy pocas excepciones, suele estar disponible de forma legal en el momento en que el contenido tiene la notoriedad, a diferencia del cine». Sin embargo, existen otros problemas, como el hecho de que cada plataforma tiene unas determinadas series, y se puede dar el caso de que para ver tres series el internauta tenga que suscribirse a tres plataformas distintas. Las televisiones que compran series intentan emitirlas muy poco después que la emisión en Estados Unidos para satisfacer a los usuarios. «La comunicación digital y las redes sociales han fomentado que existan muchas filtraciones o spoilers, porque el contenido se consume a velocidades diferentes. Hay una urgencia por parte de los usuarios», explica Neira.

La piratería no desaparecerá
De cara al futuro, las expertas confían en que se ampliará esta tendencia a pagar por contenidos lícitos. Sin embargo, dejan claro que la piratería no va a desaparecer. «Siempre existirán infracciones de la propiedad intelectual», vaticina Xalabarder, que añade que la única vía para poner freno a este fenómeno es que «se respete la propiedad intelectual por convicción». En este sentido, Neira dice que «la piratería no va a desaparecer, porque las plataformas serán incapaces de absorber todos los contenidos».

Las expertas apuntan que será necesario trabajar en la viabilidad económica de las plataformas con contenidos legales y también en gestionar una incipiente burbuja audiovisual. «Es fundamental que la oferta legal siga creciendo», subraya Xalabarder. Esta catedrática de la propiedad intelectual de la UOC añade: «Tenemos que asegurar que las plataformas de contenidos legales son viables y que los autores y los artistas son remunerados de la forma adecuada. Además, como usuarios debemos entender y valorar el régimen de la propiedad intelectual y nos tenemos que acostumbrar a pagar por contenidos, al igual que pagamos por la conexión a internet, la electricidad, la ropa o la comida».

Por su parte, Neira asegura que plataformas como Netflix deberán mejorar los servicios y consolidar su prestigio para «retener a los suscriptores», además de incrementar el volumen de usuarios. Para esta experta, los problemas económicos los tienen más bien las televisiones convencionales. «Lo que le ocurre a la televisión convencional es que su oferta por internet está “canibalizando” la emisión lineal y las televisiones convencionales viven de la publicidad». En este sentido, Neira apunta que algunas televisiones, como la CBS estadounidense, ya están contando los espectadores de forma global, en todas las plataformas, un cómputo que, en el caso de la CBS, aumenta hasta el 54 % las cifras de audiencia. Un reto de cara al futuro inmediato, según Neira, será gestionar la burbuja audiovisual que se está gestando: «Existen tantos contenidos por ver —y no paran de aumentar—, que la visibilidad de estos se está reduciendo. El interés se fragmentará».

 

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